De inseguridad a comodidad

Pensé que lo tenía todo hecho cuando cambié los tampones por la copa hace 4 años. Los tampones eran mi mayor preocupación en ese momento, son irritantes y me causaban desconfianza incluso habiéndolos usado desde que empecé a menstruar. Sin embargo, una vez eliminé esa incomodidad y durante el período de tiempo que tardé en acostumbrarme a un nuevo producto como la copa, me di cuenta de lo mucho que me irritaban las compresas - ese producto que crees que te salva en una emergencia era el mismo que jugaba en mi contra.

Las compresas y sus desventajas me acompañaban ahí donde fuese y me hacían sentir como si llevase un pañal. Tampoco tenía la opción de usarlas compresas finas o sin alas al tener un flujo abundante. ¿Qué otra opción tenía? ¿Cómo puede alguien con una vida activa dejar de lado algo tan esencial como las compresas?

¿Qué ha sido de las compresas de tela? Antes de adentrarme en investigar sobre qué alternativas existen, dediqué unas semanas a preguntarle a las personas que menstrúan de mis círculos qué tipo de productos usaban para la menstruación. La gran mayoría no conocía la existencia de la copa (¡ahora ya la usan!) y mucho menos sobre alternativas para las compresas. Sin embargo tuve respuesta por parte de familiares mayores: usaban compresas de tela, las cuales hacían con gasas, toallas finas y celulosa. El problema de estos materiales es que no se podían limpiar a lavadora (o éstas no eran accesibles) y requerían dedicar más tiempo del día en limpiarlas a mano. A raíz de sus testimonios, yo también pensé que hoy en día no existía una tecnología textil adecuada que permitiese el lavado a lavadora y asímismo fuese segura.

¿Qué entendemos por comodidad? Después de años y años enfrentándome a la menstruación, la cual consideraba un reto a dominar, aún no sé exactamente qué es la comodidad total, además de que cada persona tiene sus propias necesidades. Sin embargo, las compresas de tela me han permitido redescubrir mis expectativas y mi cuerpo. Ahora ya no me tengo que preocupar por si me quedo sin compresas o si tengo un despiste y me olvida comprar recambios en el supermercado - algo que me pasaba frecuentemente porque no era mi preocupación principal a lo largo de mi día.

La prueba definitiva que me convenció a dar el cambio fue usarlas mientras practicaba tal deporte como el patinaje, donde hay un gran movimiento de la parte inferior del cuerpo. De esta forma probaría si tendría pérdidas o si se movería en algún momento: no hubo ni una ni la otra. No me sentí como si llevase un pañal ni me provocó irritación alguna. A partir de entonces, de lo único que me he tenido que preocupar es de tener varias para cambiarlas a diario y hacer la colada como cualquier otro día del mes a mediados del ciclo para poder sacarles mayor rendimiento.