Mi camino con la copa menstrual

Descubrimiento prematuro: Había oído de la copa menstrual cuando tenía 16 años (antes del año 2000) y una amiga norteamericana de mayor edad me había comentado al respecto. Recuerdo pensar algo como “Uf que horror y que asco” y haberme olvidado del tema.

Consideración a decisión: Hace un par de años, sobre el 2018, empecé a darme cuenta de la copa menstrual como alternativa común: viéndola en anuncios en farmacias, también mi APP para la regla, Clue, la había mencionado y entró en mi mente. 

De esto a convencerme fue un paso. Ya estaba harta de quedarme sin compresas, del estrés cada vez que ocurría y del ir y venir al super o tienda de turno urgentemente que no se prestaba a mi agenda apretada.

Aún así pasaron por lo menos 6 meses hasta que por fin un sábado me lancé a una farmacia, decidida a comprar la primera que viera. El primer reto: la elección de tamaño. Para la marca que encontré, Enna, había dos opciones: S y M. Según el paquete, para mi caso en concreto con dos partos vaginales y práctica regular de deporte, la M era la indicada. La garantía de cambio si la talla no era la correcta me ayudó a zanjar las dudas y me decidí en 30 segundos.

La prueba de fuego ¡Estaba muy emocionada con mi compra! Ya no más basura llena con compresas usadas. Esperé impacientemente la llegada de mi siguiente regla. 

Ese buen primer día, leí y releí las instrucciones, esterilizando la copa antes y luego debatiendo cuál de los tres posibles dobleces de la copa realizar. Por fin decidí lo que me pareció mejor, inserté la copa y segundos después: paaaf. ¡Salió disparada! Resultando en pequeños salpicones de sangre por el suelo del baño…

Lavé la copa de nuevo y vuelta a probar. Por suerte el segundo intento sí funcionó. Me fui a hacer la compra maravillada. Al contrario de mi experiencia con tampones, la copa no causaba apenas sensación.  Prueba superada :)

Con más experiencia: y más uso me fui dando cuenta de las magníficas y muchas bondades de la copa menstrual: para dormir bien los días de regla pesada (sin toalla en la cama), para nadar (mil veces mas cómoda que un tampón), para hacer deporte (adiós al picor e irritación causado con las compresas) para días de reuniones interminables (por fin algo que aguantaba mi flujo más abundante sin manchar pantalones y a veces la silla!?!..) 

Para mí, el inconveniente de cambiarla en un baño público de vez en cuando estaba más que compensado por todos los beneficios.

También es cierto que a veces tenía fugas de flujo con la copa, muy poquito o más y por tanto tenía que usar también un protegeslip que seguía comprando asiduamente. Me fui dando cuenta de que no manchar en absoluto era posible y cuestión de colocar la copa bien del todo. La verdad he tardado bastante tiempo en aprender cómo hacer esto.

Ya siendo "pro" de la copa, mi pereza para usarla en los días de poco flujo ha ido creciendo y con esto también mi hastío de los protegeslip.  Empezó mi nueva odisea, la de reemplazar y decir adiós definitivo a productos de usar y tirar para la regla …Os la cuento en mi siguiente post, la historia será acerca de las braguitas menstruales ;)